Quiénes Somos

El Origen

El pueblo Fenicio procedente de la ciudad Siria de Tiro transportó la Vitis vinífera hasta la Península Ibérica (España y Portugal) asentando el cultivo junto al del olivo (Olea europea). A este pueblo le siguieron griegos y romanos.

Las deidades fueron cambiando de nombre aunque su significado era el mismo, así para los griegos fue Dionisos y Baco para los romanos. El vino era consumido únicamente en fiestas y su consumo nunca era diario, el vino así se convirtió en cultura ya que se le ofrecía culto obligado, las reuniones para gozar de este se las conocía como fiestas dionisiacas.
En el caso del pueblo romano mucho menos religioso el consumo se normalizó aunque heredaron las reuniones para ensalzar al dios Baco pasando estas a llamarse bacanales, en el año 189 a. C. un edicto prohibió las fiestas públicas en las vías de la ciudad ya que en ese año hubo más de 700 detenidos en Roma por culpa del dios Baco o Dionisos todos ellos disfrutaban de la misma bacanal.
El vino o los dioses que le representaron, fueron modelo para los grandes escritores de la antigüedad: Virgilio, Homero o Marcial, y numerosas también son las muestras en relieves, mosaicos o esculturas.

El Presente

De vino y palabras, surge por iniciativa de un reducido grupo de amigos, entusiastas del “Mundo del vino” y “La buena mesa”, motivados por el afán, de conocer, aprender y compartir sus conocimientos y experiencias, en torno a la Enología. Es por ello que puntualmente y con regularidad, se reúnen para realizar catas de vinos, visitas a bodegas y tertulias donde siempre el vino es el principal protagonista. Los componentes del grupo provienen de diferentes sectores de la sociedad, los hay profesionales del sector Enología, de la Enseñanza, de la Industria, del Comercio, de la Banca y de Servicios varios. Ellos han creado este Blog como medio de comunicación entre el grupo y a modo de divulgación entre quienes se sientan atraídos por participar de este medio.

 

Y ahora qué?

¡Sería del todo feliz, si pudiese disponer cada día de una botella de vino.¡

El vino me alimenta, decía un viejo manchego, como colofón a su exigua biografía, contada entre sorbo y sorbo en el mostrador de la taberna.

El vino me alimenta.  De siempre, y sobre todo en zonas rurales, fue considerado el vino como uno de los elementos importantes de la dieta alimenticia. De hecho, el consumo medio por habitante y año, hasta mediados del siglo XX, en España, era uno de los más elevados de Europa.

La mejora económica de nuestro país, y la revolución positiva experimentada en el cultivo de la vid, y elaboración de los vinos, ha modificado a la baja, aquella situación.

Hemos ganado considerablemente en calidades, pero hemos perdido, más bien, se nos ha desprendido la conciencia de vino como bien alimenticio, que nos venía dada en nuestra naturaleza. Ha disminuido el consumo medio, considerablemente, y la tendencia sigue.

Hoy, se adquiere un vino para celebrar un evento familiar, y eso está bien, pero estaría mucho mejor, si el vino, como elemento nutricional, ya formara parte habitual de nuestra despensa.

La Enología, ha elevado a la categoría de “excelencia”, la calidad de muchos de nuestros vinos a escala nacional, de tal manera, que han conseguido a nivel mundial, los mejores méritos, puntos, premios y medallas. Están en la cabeza de carrera en una competición ciclo-vinícola. Aunque algunos solo sean recomendados para catas y concursos.

Pero como la excelencia en calidad va emparejada a la elevación de costos en cultivos, elaboración, marketing y propaganda, ha adquirido el producto final, unos precios, que en muchos casos los convierten en artículos de lujo. Y este concepto, choca con la añeja acepción del vino, como artículo de casi primera necesidad.

Es necesario estimular el consumo del vino a nivel popular. Tenemos la materia prima y el conocimiento, y por ende el producto terminado. En cualesquiera regiones vinícolas del país, se elaboran hoy, entre otros muchos tipos, unos vinos jóvenes con solo un ramalazo de madera, que llaman la atención de los sí, y de los no entendidos,  a unos precios asequibles, y que aún pudieran serlo más. Muy propicios para formar parte de nuestra intendencia domestica. Pero hay que buscar la vía.

¡Que razón tenía nuestro viejo amigo manchego.¡